El momento más delicado de un lavado no es lavar: es secar. Ahí es donde se hacen la mayoría de los microarañazos y donde nacen las marcas de agua.
Tras el lavado a presión, dirigimos aire a presión de forma controlada por todo el coche, empujando el agua fuera de cada superficie y de cada hueco.
El aire barre el agua de capó, techo, puertas y portón sin tocar la pintura.
Retrovisores, rejillas, molduras, tapas y juntas: el agua escondida sale fuera.
Radios, tuercas y pinzas quedan secos para evitar churretes.
Sin roce no hay microarañazos ni remolinos en la carrocería.
El agua no se seca sobre la pintura, así que no deja cercos.
Juntas, espejos, rejillas, emblemas y molduras completamente secos.
Una superficie sin marcas refleja la luz como el primer día.
Ni churretes ni gotas en radios, tuercas y pinzas de freno.
Sin bayetas sucias ni productos de secado innecesarios.
Lo que más nos preguntan sobre nuestra especialidad.
No. El aire no toca la superficie como lo haría una bayeta, por eso es la forma más respetuosa de secar un coche.
Sí. Turismos, SUV, furgonetas, coches clásicos o deportivos: todos se benefician de un secado sin contacto.
Las marcas aparecen cuando el agua se evapora sobre la pintura. Al expulsarla con aire antes de que se seque, no le da tiempo a dejar cercos.
Es un proceso cuidadoso, pero eficiente. Y el resultado compensa: el coche queda seco de verdad, incluidos los huecos.
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Lavado y secado a presión. Tu coche impecable, sin bayetas, sin microarañazos y sin una sola gota.